A 30 AÑOS DE LA MAYOR TRAGEDIA AÉREA EN PARAGUAY: LA CAÍDA DE UN AVIÓN QUE ESTREMECIÓ A UN BARRIO

Este miércoles se cumplen 30 años de aquella fatídica tarde en el que se produjo la caída de un avión carguero colombiano, un minuto después de haber despegado del aeropuerto Silvio Pettirossi.

El cielo estaba despejado el domingo 4 de febrero de 1996; los niños y jóvenes se divertían en la plaza del barrio Monseñor Bogarín de Mariano Roque Alonso. Jugaban un partido de vóley, mientras que los demás socializaban, disfrutando de la jornada sin saber que minutos después la desgracia caería sobre ellos.

Esa tarde de domingo quedó marcada en la historia como una de las jornadas más tristes del país, al ocurrir el accidente aéreo más grande registrado hasta el momento.

La aeronave McDonnell Douglas DC-8-55 con matrícula colombiana HK-3979, operada por Líneas Aéreas del Caribe (LAC), despegó del aeropuerto Silvio Pettirossi de Asunción y un minuto después se precipitó a tierra.

La explosión se sintió en toda la ciudad y en localidades vecinas. El terror y la confusión se apoderaron de los pobladores que vivían en las inmediaciones del siniestro.

Gran parte del aparato quedó incrustado en la tierra. El fuselaje y las ruedas del tren de aterrizaje dejaron verdaderos cráteres, algunos de ellos de 2 metros de profundidad.

El fuego, una intensa humareda, chapas esparcidas, ladrillos, electrodomésticos, jirones de ropas, zapatos formaban una misma masa con hierros retorcidos y restos de seres humanos que eran recogidos por bomberos en bolsas especiales.

La aeronave llevaba a cuatro tripulantes colombianos: José Muñoz, José Karft, Hernando Sánchez López y Armando Rojas Pantoja. Todos ellos murieron calcinados.

El avión terminó cayendo a 1.500 metros de la cabecera de la pista del aeropuerto, justo en un espacio en el cual las aeronaves inician el viraje para tomar su rumbo definitivo, según el reporte de Gustavo Ávalos, quien se encarga de recopilar datos de hechos históricos que ocurrieron en Paraguay.

En la tragedia aérea también perdieron la vida 18 personas, de las cuales 13 eran niños que jugaban a la pelota en una cancha, en lo que hoy día es el callejón Sargento Vera casi calle Capitán Aveiro. El avión también se llevó por delante cuatro viviendas.

Técnicamente, el error principal consistió en que el piloto realizó un procedimiento prohibido al darle el mando del avión al copiloto, quien era un novato, poniéndole obstáculos a la operación en pleno vuelo.

Desde que comenzó el carreteo por la pista del aeropuerto, el piloto y el ingeniero utilizaron expresiones que denotaban un exceso de confianza sobre las condiciones en que se iba a enfrentar el vuelo.

Con la caja negra se pudo escuchar la conversación de los tripulantes, quienes habían apagado los motores del avión para hacer una broma a uno de los pasantes.

La familia Gracia aprovechó el día lindo para una juntada familiar. Mientras se preparaban para comer, escucharon el sonido de un avión, nada les extrañó porque era algo recurrente, a lo que ya se habían acostumbrado.

Sin embargo, el sonido de la aeronave se empezó a oír cada vez más fuerte. Una sombra comenzó a proyectarse sobre la plaza. Y luego se produjo el estruendo ensordecedor, una sombra negra cayó, anunciando el fin.

Once de las 18 víctimas en tierra pertenecen a esta familia, ya que ese día se llevaba una reunión en el que participaban varios parientes.

María Elizabeth Gracia (16), Daría Gracia (11), Edilson Gracia (14), María Dolores Gracia (4), Wenceslao Gracia (17), Luis Gracia (6), Hermenegilda Cáceres Gracia (60), José Luis Gracia (15), Hugo Gracia (16), María Isabel Gracia (16) y María Fidelia Gracia (12) perdieron la vida aplastados por el derrumbe de la casa.

Otra de las casas afectadas fue la de la joven pareja conformada por Edgar Franco (24), Perla Jara (23) y el pequeño hijo de ambos Pablo Adrián Franco Jara, de 3 meses de edad. Todos ellos perdieron la vida bajo los escombros.

También fallecieron en el sitio José Medina (18), Catalino Román Bazán (12), Darío Alberto Bazán (13) y Luis César Brignardello (5). Ellos estaban jugando en la cancha ubicada en la plaza del barrio, según el reporte periodístico de la época.

Daniel Vera Barreto (10) y Ricardo Wilfrido Brignardello (11) lograron sobrevivir. Sufrieron heridas, fueron atendidos en un centro asistencial y días después fueron dados de alta.

Días posteriores a la tragedia se supo que el avión tuvo una parada en el país, donde sus tripulantes descansaron para emprender vuelo hacia Campinhas, Brasil para luego ir a Barranquilla, Colombia.

Del Brasil debía llevar quince contenedores y un automóvil deportivo 0 kilómetros, de acuerdo al informe oficial.

Entre los restos del fuselaje, los vecinos se alarmaron al ver restos de polvo blanco, que motivó la intervención de agentes antidrogas.

Las pesquisas estuvieron supervisadas por el norteamericano William Lewis, agente de la Administración de Control de Drogas (DEA), que junto a los investigadores paraguayos concluyeron que la sustancia blanquecina era cal, descargando un presunto caso de tráfico de drogas.

FUENTE: ÚLTIMA HORA

También te podría gustar...