CAMPAÑAS POLÍTICAS E INSEGURIDAD: UNA HISTORIA QUE SE REPITE.

Cada vez que el país entra en clima electoral, el mismo escenario vuelve a aparecer en las calles: aumento de robos de vehículos, asaltos tipo comando, hechos delictivos organizados y una sensación generalizada de inseguridad. No se trata de un caso aislado ni de una percepción individual. Es un patrón que se repite elección tras elección.

La ciudadanía lo comenta, lo percibe y lo sufre. Sin embargo, pocas veces se analiza con la profundidad que merece. ¿Por qué estos hechos se intensifican siempre en el mismo período? ¿Por qué las modalidades son similares? ¿Por qué los controles parecen debilitarse justo cuando la política ocupa el centro de la escena?

No hablamos de delitos comunes improvisados. En muchos casos se trata de hechos coordinados, con logística, información previa y una ejecución que evidencia planificación. Robos de autos utilizados posteriormente en otros delitos, asaltos rápidos y violentos, zonas donde la presencia policial parece desaparecer oportunamente.

Mientras tanto, el discurso político promete seguridad desde los escenarios, pero la realidad cotidiana cuenta otra historia. Familias que viven con miedo, trabajadores que pierden su herramienta de trabajo, comerciantes expuestos y barrios enteros que se organizan entre vecinos ante la falta de respuestas concretas.

Lo más preocupante no es solo que esto ocurra, sino que se esté normalizando. Que como sociedad ya se asuma que “en campaña siempre pasa lo mismo”. Normalizar la inseguridad es aceptar el abandono. Y el abandono del Estado en materia de seguridad no distingue colores políticos: afecta a todos por igual.

Exigir seguridad no es una postura partidaria. Es un derecho básico. El pueblo no es ingenuo, reconoce los patrones y entiende que no todo es coincidencia. Lo que muchas veces falta es transformar esa percepción en una exigencia firme y constante.

Tal vez no sea casualidad. Tal vez sea una práctica instalada con el paso del tiempo. Lo cierto es que mientras no haya respuestas claras, responsables identificados y acciones sostenidas más allá de los discursos, el miedo seguirá formando parte de cada campaña política.

Informar, analizar y cuestionar también es una forma de cuidar a la ciudadanía. El silencio, en estos casos, nunca es neutral.

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